domingo, junio 4

tocábamos una canción juntos
ese fue el único momento potente
era love is a laserquest
yo me sentía rara
antenoche soné

a) con cucarachas:
en mi casa aparecían
en dos momentos
una pareja de cucarachitas
eran flacas y esbeltas
como una pequeña
obra de arte perturbadora
las dos juntitas, caminando
una sobre la otra
porque así es como podrían
abrazarse

cruzando el piso de la pieza
y en la cama
en el huequito que siempre deja la gata
para dormir

inmovilizada yo
sólo podía cubrirlas
taparlas con el acolchado
hasta resolver
si hay raid
qué hacer


b) con mierda y porquerías:
otra vez en la cama
habiéndolas casi superado
a la parejita del desagrado
volviendo a mi pieza
para acomodar
el acolchado nuevo y ver cómo
al descubrir mi cama de su suave cubierta
había un pantano.
hablo de agua sucia verde y gris
y caca
y bolas de pelo
pelusa
mocos, seguro
comida vieja
todo un charco
inmenso
contenido en mi colchón

martes, mayo 9

estábamos en una ciudad en una seguidilla de momentos y situaciones raras. éramos todos de agua y todos una cosa, confusa. como el humo. éramos las dos cosas. agua y humo. como sea, muy fluídos, nada de tierra. nada de fuego sin dudas. por eso apenas me sentía a mí misma.

después. de pronto. llegabas.
me despertaba en una casa junto a la montaña y pensaba qué afortunada esta persona que vive acá, tan, tan cerca de la montaña. miraba por la ventana con asombro. estaba sola. había gente pero era la gente de agua, la gente de aire, la gente de humo. personas que no sé bien quiénes son y sólo me dejaban una sensación de interacción pero anónima e irrelevante.
por eso me iba. veía a lo lejos la montaña tallada, de oro, formando un templo, inca y budista a la vez. sentía ambición de aventura.

salía de la casa y tenía sentido encontrarte. caminábamos por lugares más específicos ahora: me llevabas a un arroyo donde había una casa. la casa era tuya o de tu familia. el jardín estaba delimitado por hermosas bibliotecas que hacían las veces de cerca y de decoración a la vez. eran bibliotecas caseras, puestas en ángulos raros, forzadas a ser bibliotecas por el hecho de estar repletas de libros, pero eran fundamentalmente tranqueras finas y muy ingeniosas.

el arroyo era bajo tanto que sólo era un ancho cauce de agua que fluía pero apenas mantenía sumergidas algunas de las piedras de su lecho mientras que el resto estaban en la superficie. por ellas se podía caminar. venía bajando por un lomo apenas, y atrás del arroyo, encajonada entre la loma y la montaña verde pura riquísima, estaba la casa.

el objetivo era
a) cocinar
b) ir a ver al templo

la gente pasaba junto a la casa y en vez de cruzar el arroyo subía la loma, la gente que quería visitar el templo. una señora se quedaba anonadada ante las cercas de bibliotecas y también me decía: "wow, nunca había visto un camalote desenrollado como este" señalaba en el arroyo algas y piedras preciosas que en este mundo eran como corales, vegetales.

vos ya estabas del otro lado del arroyo me decías que cruzara pero cuando lo pisaba me hundía, bajo las piedras el lecho estaba blando. a mí no me importaba mojarme las zapatillas pero a vos sí. no querías que me las mojara. me decías que esperara donde estaba. desaparecías atrás de la casa y yo sabía que estabas buscando un par de ojotas para darme y te gritaba que yo sabía que no había ojotas en el fondo de tu casa.

no sé. aparecías riéndote y venías hacia mí. me dabas las manos y el piso no se hundía tanto. yo miraba fascinada lo firme que se había vuelto el chato arroyo y en eso de mirar entre las piedras me daba cuenta de que el agua que corría combinaba demasiado con tus ojos.

vos me decías dale y me cruzabas para preparar un montón de comida, toda fundamentalmente asada, hecha despacio porque estaba preparada con amor.




lunes, mayo 8

estábamos en una ciudad conferencia. las cosas eran raras. de a ratos yo sostenía un bebé que lloraba. le tapaba el cuellito porque el clima era hostil y el viento soplaba fuerte. Intentaba resguardarlo del frío. De cerca el bebé era de alambres y tenía partes móviles como lupas y lentes. el bebé al principio no era mío. pero nadie más parecía querer hacerse cargo de él.

todo era gris. o marrón oscuro. gastado. ingrácil. hostil. casi todo el tiempo nos movíamos por edificios brutalistas gigantes. las columnas de todo el edificio estaban hechas de comandos de git y de unix en general y de golpe algunas cosas eran extremadamente incognoscibles.

el edificio más grande de todos era lo que llamábamos El Repo. En algunos lugares no nos dejaban entrar porque no entendíamos los comandos que componían sus paredes. era como jugar al doom y no tener la llave para ciertas puertas.
todo el tiempo sentía ese miedo que da la ignorancia. de no saber el comando. de no tener la llave para entrar a lugares mejores y dejar de estar así, afuera, con el bebé, el viento y el frío.

de pronto aparecías vos. llegabas y sentía que sabía un poco menos poco, o en realidad un poco más. venías caminando hacia mí y yo con el bebé en brazos te miraba con cara de que eso era todo lo que tenía y no podía hacer nada al respecto. estábamos así parados, un poco alejados del resto del grupo, el bebé que nadie más quería y yo. yo te pedía disculpas con la mirada por tenerlo, por no haberlo dejado donde lo encontramos. pensaba que te ibas a enojar. pero no. venías y nos abrazabas y dejábamos de tener frío. todo se sentía bien. los dos juntos éramos la solución definitiva. el bebé por primera vez paraba de llorar.


sábado, abril 8

fue lo más extraño del mundo

estábamos en baltimore en una conferencia o algo. capaz era la Drupalcon, no sé.

pasaban cosas que iban y volvían. éramos como una pitón que se enrroscaba en sí misma pero bien aceitada.

de pronto había perdido mis llaves y recuperarlas dependía de M. M me decía que no. que no me acompañaba, no me ayudaba. me miraba y me decía: 'tendrías que hablar con menos chicos por wasap, Uli, fijate lo que estás haciendo. a mí no me parece'

yo le discutía y apelaba a N. N no hacía nada. me miraba y me decía: si maxi piensa así debe ser así.

era horrible. yo me sentía helpless. recordaba cómo hace apenas un rato M y yo caminamos por el borde de un parque parecido al patricios y todo era habitual incluso cruzarnos con una macumba.

abajo de la rosa sobre la montaña humilde de tierra había una moneda.

yo sabía que algo terrible iba a pasar. en el corredor de las habitaciones, donde nadie me ayudaba, sentía cosas permanecer.

yo tenía poderes especiales. veía llenar una lluvia de mal y me iba volando. a veces me costaba mantenerme en el aire. sentía cómo mi espíritu se desinflaba y me empezaba a poner mal, triste. entonces pensaba muy fuerte para mí misma. decía: no, tengo que mantener el foco. y así salía propulsada otra vez siempre para arriba porque lo que yo quería era irme lo más lejos de lo lejos, llegar a otro universo galaxia alternativa donde había otra tierra y otro N y otro M y todos eran buenos conmigo.



domingo, febrero 26

También en un momento soñé que hacía frío afuera. Abría las ventanas y dejaba que se enfriara lentamente la casa.
Después aparezco en otro lugar extraño. Las otras dos Ulis no están. Son como galerías de un lugar y hay carteles, posters, no sé. Parece un taller de arte pero también una feria, también una fábrica, también una galería de arte.

No retengo demasiado de lo que pasa. Solamente que necesito comer y también cosas que no identifico. Pero siento la necesidad.

Aparece F, compañero de M. Nunca más vi a F. Nisiquiera lo tengo en facebook. Ahora me parece curioso porque el otro día NB me dijo que sólo sueña con sus compañeros de colegio y yo le dije que a mí eso nunca me pasaba. F cuenta como compañero de colegio. Quizás lo traje sólo para cumplir con un checklist.

F me encuentra y me dice vení vení, y todo el tiempo es corporalmente muy cálido y cómodo. Su piel parece extremadamente suave. Me lleva a su casa de pronto. Me da a entender que va a darme comida. De pronto me dice: Esta es Reyna y esta es Kenya, mis hijas. Yo no entiendo bien nada, me sorprendo de que tenga hijas. F tiene un poco pinta de hombre adulto profesional. Usa camisa y la tiene adentro del pantalón. Su cara es de jóven como cuando estaba en el secundario.

Las nenas se sientan una a cada lado mío y yo me siento rara. No lo felicité cuando me dijo que eran sus hijas. Por eso me angustio, porque pienso que a la gente hay que felicitarla cuando te dicen que tienen hijos pero que no quiero hacer más cosas por compromiso. Para ablandar la situación le digo a Kenya 'HOLA KENYAAA' mientras muevo la mano y todo se diluye.


Ellas tienen platos de plástico de princesa y comen pasta. La mujer de F cruza la escena y se mete en la pieza. Me pregunto si será linda. F es lindo. Bah. Tiene facha, qué sé yo. Me lo puedo imaginar con una novia hermosa y delicada.

F me tira un celular en la mesa. No uno nuevo, uno de esos polifónicos. Está medio descarcazado. Y me dice 'tomá'. Esa es mi comida. Las nenas se asombran pero yo las tranquilizo: es bueno comerse un celular cada tanto. Todos nos reimos de eso.

Yo empiezo a arrancarle partes y a masticarlas y comérmelas. La pantalla es lo más fácil. El celular está bastante crocante y no es difícil sacarle cachos con la mano, quebrarlos, y llevárselos a la boca.
Sin embargo, cuando trago se siente incorrecto. Siento que me va a caer pesado. Además me quedan muchos minicachitos en la boca y me molesta. Me siento un poco mal.

Aparece la mujer de F un segundo y la veo. Es linda pero distinta a como esperaba. Tiene rulitos y es pelirroja y tiene ojos verdes. Pero se nota que es una madre. F se me acerca y me agarra de los hombros. Las nenas se van a dormir. Él me hace masajes. Yo me siento medio rara. No entiendo si me quiere cojer y por qué no le molesta que esté la mujer enfrente.

La mujer se va a dormir. Se mete atrás de una cortina que resulta daba a la pieza de ellos.

Él me hace unos mimos y masajes raros. Me molesta que sea él pero en realidad los masajes y mimos me dan mucho placer en la piel, como cuando tomás mdma, mini escalofríos placenteros.

Me doy cuenta de que la idea es que garchemos los tres juntos. Igual me parece fuerte. Pienso que no me gusta cómo se comunicaron las cosas. Hubiera preferido una birra y charlarlo. Como con todo.

Decido que me voy y F no hace nada para impedirlo y me siento bien.
Pasaban un montón de cosas rarísimas:

En la costa montañosa de mar encajonado teníamos que irnos. La salida es mediante un buque que es tan inmenso que subimos a él desde arriba de la montaña.  El pueblo son tres casas y un muelle y lo vemos todo desde lo alto.

El barco arranca repentinamente y todos me dicen 'mirá Uli, dejaste allá tu mochila' y es cierto. Contra los pastos secos que delimitan la senda que llega a lo alto del acantilado está apoyada. No sé qué hacer porque saltar de nuevo me da pavor y el barco empieza a moverse mucho.

Misteriosamente no tiene parte de adentro o no sabemos cómo bajar. El casco parece ser hueco y está cubierto en una tela amarilla finísima e inmensa que lo embolsa y lo convierte en un castillo inflable pero más blando. Con el viento marítimo y el romper de las olas volamos de un lado a otro rebotando en su superficie. Tenemos un poco de miedo. Intento agarrarme a la tela floja con las manos lo más que puedo. Es tela de paracaídas o de rompevientos de los 80s.

Debería haber dicho antes: éramos tres Ulis. Estaba yo, estaba la Uli que no tenía miedo e iba callada, y estaba mi amiga Uli.

De pronto mi amiga Uli me indica que mire a al horizonte del mar. Entre tanta luz y color celeste crema se ven montañas de agua clara descomunales. Los brillitos del sol en las arrugas de las olas son supremos y es como una gran masa de mar altísima resplandeciente. Con razón no podemos parar de volar por los aires.

Miro adelante y la veo: la Uli que no tenía miedo e iba callada camina a proa sin temor ni inestabilidad. Lo hace parecer fácil. Cuando llega al borde del barco-inflable de tela empiezo a sentir ansiedad. Sin embargo se baja. Se baja como si estuviera sentada en un bordecito alto o una mesa. Sin más. Y la vemos claramente.

Camina sobre el agua que parece estar congelada y brilla. Mira hacia atrás para alentarnos: no pasa nada. Podemos volver a tierra. Agarrás tu mochila y volvemos a tomar el barco. No nos lo dice pero lo sabemos. Está demasiado lejos y hay demasiado viento como para oírla de todos modos.

Vemos las olas inmensas a lo lejos y tenemos miedo por ella. El barco es lo suficientemente alto como para mantenernos secas cuando lleguen a la costa pero ella camina sobre el mismísimo borde del agua. Nos quedamos así flotando y pensando en eso.




domingo, enero 29

estábamos en el sur pero de Chile
mi prima se había hecho una casita junto al mar.
la casita primero era de piedra como todo.

llegábamos desde un valle con río azul brillante encajonado. el pasto se iba disipando hacia la roca de la costa.

la casa de mi prima era de dos pisos cuando entrabas. nos sentábamos a charlar y en su pared colgaba un cajón tipográfico decorativo repleto de minifacturas. había facturas que no conocía. por ejemplo: unas minitartitas de puré de batata con malvaviscos. yo preguntaba si se podían comer y me decían  "claro, a la noche se reponen solas." estaba en el cielo.

salíamos y el mar era lindo y suave, como jabonoso. nos patinaba muchísimo pero con ternura y jamás nos picaba un golpe de ola.

de pronto subimos al segundo piso de la casa por las vista y el mar estaba cada vez más cerca. empezaba a romper al pie de la casa de mi prima.

la marea subía de golpe en golpe. las paredes de la casa se iban haciendo lentamente cada vez más ventana. mi prima me explica que no había chances de que entrara agua: su casa era así como lo estábamos viviendo.

de alguna manera nosotros dentro de la casa también saltábamos. habíamos entrado en la búsqueda de un estado de balance.

fuera se veía todo azul y marino. nos quedábamos sentados mirando mate emocionados.
el cielo y el mar no se distinguían. las cosas que nadaban eran: caracteres, asteriscos, copos de nieve, emoticones de colores lindos. estrellitas. pececitos.

nos quedábamos sentados de las manos y comíamos minifacturas. sentíamos como un privilegio. entonces algunas tenían decoraciones de oro y piedras preciosas por todos lados.

jueves, noviembre 3

soñé como que panchita era sysadmin
había un montón de caños de fibra óptica que llegaban a ella y se metían en su computadora negra como su pelito negro
la pantalla brillaba, titilaba el cursor
ella se frotaba la carita con el trackpad
de pronto
un incidente

viernes, octubre 14

soñé
que con N recorríamos lo más hermosos lagos patagónicos.
llegábamos a puntos elevadísimos de visión y espíritu y yo mágicamente lo conseguía:
más allá de en todo eso,
no pensaba en nada!

solamente
los lagos verdes azulados
el pasto vivo y la tierra humedecida por la neblina, casi negra
la luz del cielo
todo era tan azul y luminoso
que combinaba con N
y con la sensación imperante
pura absoluta atmosférica
de paz

lunes, noviembre 30

soñé muchas cosas

P me pegaba cachetadas
me desperté mal al lado suyo
no lo hacía de malo
estaba confundido


mástarde, después de que él se fuera al trabajo
estábamos en mardelplata o pinamar o gesell
de todos modos no era como nada y era como todo
se sentía el olor de la playa y el sol teñía nuestras pieles
color caribeño

de pronto, con P, de la manito, entramos a un local inmenso parecido al sanber pero sin joda
donde todos comen
está panchita
está mi ex
lo saludo a su amigo primero que a nadie y lo atropello
lo saludo primero porque me cae muy bien Diego


lo saludo
 y me excuso
y saludo a todos
y me siento
tan tan mal
por mi novio
y mi ex
que me despierto

miércoles, noviembre 18

habíamos ido al cine en un hermoso edificio clásico de espacios exacerbados. yo estaba aguerrida, reaccionaria, eh, tan cara la entrada, eh, ni un vasito de agua estos gatos. La sala era circular de prolijos pisos de madera. la gente defendía la institución. "rescatate eh calmate". en el palier a la sala modelos reposaban en lujosas reposeras, se exhibían.

en la sala de pronto algo se presiente.  yo lo presiento. un flashforward: la peste. somos animales. todos infectados. podridos, formando una familia.

de nuevo en el presente; acontecía un atentado. el caos y los gritos. se respira polvo. las modelos descansan pero putrefactas, todas con un agujero en el pecho. igual de lánguidas que siempre pero inmóviles, todas muertas. eran hermosas. igual el caos.

empezamos una peregrinación en grupo pequeño, todos unos puntos a unir por los que huíamos tiritantes del miedo y la adrenalina. todavía no se había oficializado nada. pero yo tenía una idea, ese recuerdo del futuro. corríamos intentando no transmitir el pánico, eso nos daba una esperanza de nosotros por lo menos poder zafar. las cosas se sentían cada vez un poquito más siniestras, cada vez un poquito más de olor a cal que come la carne y el pan.

de pronto, una micro misión. tengo que ir a buscar una plantita de churro florada, hembrita, hermosa beba, rozagante de cogollos, a la casa de AO. AO me espera, dice, yo decido agarrar la bici, yo discuto con mis amigos que por momentos recuerdan y por momentos no el incipiente estado de emergencia. de pronto estamos en la vereda. P me dice que viene conmigo. P monta una moto kawasaki ninja mate digna de Akira. yo empiezo a tener paja. le pido que me lleve, que mejor me lleve, que haremos más rápido. caminamos una cuadra y él se detiene en una parada llena de gente. yo le dijo que no, que agarre su moto y me lleve. yo me sentía excitada ante la idea de viajar en moto, viajé en moto muy pocas veces. yo me sentía excitada ante la idea de viajar en moto y que no sea incómodo ese abrazo reglamentario, inevitable. agarrar la sensual cintura de mi novio, pasarle las manos bajo los brazos y unirlas adelante de su abdomen. sentir así la velocidad y también el peligro. yo me excitaba. AO me mandaba mensajes y mensajes y yo no los podía leer, no los podía contestar. yo pensaba en cruzar la capital por av san martín con una plantita florada en una mano, en el oscuro presente conspirativo de la ciudad, a toda velocidad, en la kawasaki ninja de mi novio. igual en vez de hacer eso nos quedábamos.

en la oficina, al día siguiente, las cosas se sentían raras. nos íbamos temprano. me encontraba con todos en casa, P, mamá, papá, F, AJ, muchos más. llegaba un momento de la verdad, la aceptación invariable que se venía gestando. para eso mamá elegía agregar levedad a las cosas, darles instrascendencia preparando un postre increíble que tenía un montón de mousse marroncito de ese que va en la más especial, la capa del medio, de la sopa inglesa del torino. además frutillas, frambuesas, vainillas mojaditas en vino dulce, histórico, tradicional, naturalizado, inocente. comíamos el postre sin hablar del elefante en la pieza, de hecho el elefante era un elefantito, una posibilidad de existencia o aparición de una versión diminuta, inofensiva, noble, del tiernísimo paquidermo. sonaba el timbre. alguien elegía abrir la puerta. no, no, no, no, no. no abran la puerta.


no sólo la abrían sino que bajaban unos escalones e incluso con algunos, desde arriba, asomados algunos por el hueco de la escalera caracol antigua, alguien apretaba el mágico botón que sacaba la traba de seguridad de la puerta de calle. ellos subían. empezaban los gritos. yo apenas me asomaba y entraba en pánico. en la calle también, pánico, pocos gritos, todos desde las veredas, pánico. subían todos los nuestros, los buenos, y AJ mantenía la puerta abierta: dale, dale, la conchadesusmadres, cerrá, cerrá boludo. AJ me decía que espere, pegaba una cinta aisladora como burlete en el borde de la puerta antes de cerrarla. era indispensable para que la puerta quedara sellada. los otros, los malos, iban a enfermarnos con gases, esporas, líquidos, no los iba a detener la puerta. AJ terminaba de sellar cuando el rostro del líder del mal se presentaba ante mí, mi papá cerraba, ellos empujaban la puerta como una estampida de toros que corren atrás de una carnada roja. yo pasaba la llave, el pasador nos salvaba. la puerta estaba sellada. ahora, nos habíamos comido casi todo el postre, ahora, cuánto tiempo íbamos a poder sobrevivir en esta casa inmensa, con el mundo exterior pudriéndose, y nosotros acá, llenos de mousse, pero sin comida.


la miraba a mamá descorazonada. mamá me abrazaba. yo le decía:
y todo empezó,
mamá,
con modelos
con un agujero en el pecho
con modelos,
mamá,
que no tienen corazón

martes, septiembre 15

bueno. soné que estábamos en un flash. en un momento nos despertábamos. el flash era intensamente agrario. por el pueblo mirando los maíces a lo lejos tenía un momento de activismo. había una escultura, un monumento, una demostración del poder humano: un buey, atado del cuello, avanzaba hacia adelante y hacia atrás en una suerte de subibaja circular. el buey se caía. volvía a subirse. no tenía mucho margen de soga. yo me ponía a llorar, desconsoladamente, como lloran los homeless en el medio de la ciudad. ante una multitud de gente, como no lo hubiera hecho nunca, yo rompía todo mi voz.

mamá absoluta me calmaba en seco.
me decía: "bueno, nena, dormite. no hay flash que por bien no venga". y yo: "pero mamá no entendés! es que de este flash no podemos salir"

después restablecía.
estaba Abraham Lincoln. comíamos kitkat. nuestras únicas provisiones eran golosinas importadas. yo repartía la comida. Julio Cortázar estaba agotado. suspiraba acongojado. decía: tanta vida, tanta vida.
yo pensaba pobre viejo, con ojitos de pez y todo, pobre. comía el kitkat que yo le daba. lo abrazaba.

lunes, agosto 17

bueno
íbamos a los estados unidos en bicicleta
la parte más importante era como un viaducto
lo habíamos cruzado ya mil veces mirando adelante
esta vez la llevaba a panchita, tenía como un portabebés
también una tabla de madera
entrando al túnel veo que el piso son escalones muy altos
salto por todos pero me preocupo
ya encandilada por la salida chequeo a panchu
ella está bien pero además está keta encima de la tabla
me la traje sin querer!
tiene un mechón de pelo desteñido
pero yo me preocupo porque sé que ella
bueno, no tiene correa, cinturón,
porta bebés ni nada.
pero sobretodo
no tiene visa

sábado, julio 4

dejar de soñar es mejor que arriesgarse a un golpe bajo
soñé que cantábamos todos juntos. un tema que todos conocíamos. estabas. mi objetivo era sorprenderte con mi linda voz. lo lograba parcialmente. me olvidé el resto.

miércoles, junio 10

tuve unos sueños locos y angustiantes tanto que volví a escribir acá
siento un impulso de escribir lo que sueño como un designio
pero nisiquiera me acuerdo bien:

estabas vos. te pedía algo. un reclamo. aparecías de improvisto. no entiendo por qué sueño con vos. anoche apenas vi una foto tuya cuando tuneaba mi facebook para tener un mejor posicionamiento en la mente de los potenciales bebés. sí. soy tan racional como emotiva aunque técnica. todas mis fallas.
paseaba en bici pero en cambio era como un changuito de super altísimo. primero estaba todo bien, lo juro. una clase nueva con bancos irracionales. no me parecía tan raro

a veces no me cuestiono el status de onírico de las cosas que me pasan simplemente porque tengo una postura ante la realidad muy aceptativa. yo acepto la irracionalidad del mundo. ya hablé mucho de esto. su carácter inicial de paradoja. así entonces en los sueños todo me parece muy normal, muy normal.

la morfología del amueblado era irracional. nos parecía un poco ineficiente por parte de la institución que brindaba la clase, pero eso era todo. de pronto, un impulso, una sensación de vacío incierto. necesitar algo que había comprado. ir a buscarlo a una especie de pieza-oficina que tenía L cerca. dar vueltas. volver y mirarme los pies en pleno camino. de alguna manera estaba descalza.
volver. recorrer todo. ver a los chicos. tu aparición. yo deseando una contradicción para vos, tan fuerte.

encontrar las zapatillas, tener ganas de matarte, perderme en una concatenación de situaciones levemente frustrantes. quedarme dormida. despertarme tarde.

domingo, mayo 3

últimamente no entiendo nada de lo que sueño
pero es extremo
quizás sea porque me dijiste que mejor
esconda mis sueños de los enemigos
me dijiste que mejor
los enemigos están afuera
yo me quedé re pensando en eso
ya lo puse en todas las redes sociales
lo hablé con mis otros amigos
los que te conocen y los que no
no sé, el punto es, no entiendo nada de lo que sueño
sólo mientras estoy dormida
por ejemplo
anoche sé que hice bocha de cosas
estuvo re bueno
dormí incómoda
como si durmiera con un papito lindo
pero sola
estaba re flashando un buen mambo
pero cuando me despertaba no entendía nada
no sé
podrías volver y darme
un abrazo o
un consuelo?


lunes, abril 27

no te entendí una noche
y nunca más te hablaré

soñé con bocha de rochas rochos rochitas
todos negritos divinos
flacos flacas muy potros

no sé
me despertaba a cada rato pero no podía despegarme
despejarme
de esa beautiful party de la miseria
que teníamos en un pueblo
polvoriento pero urbano citadino suburbano
trashero

los amo a todos
aunque el mundo sepa ser horrible
y a la capital la gobierne el pro
los amo

martes, abril 21

estábamos en un lugar extraño con bocha de rochos. funcionaba como una casa. los rochos eran todos malucos como los de las combis que ranchan en calle lima y o'brian.
cuando nos queríamos ir había un enfrentamiento, estábamos por subir a nuestro auto: Fede, mis abuelos, mi mamá y yo.
Entonces un loco se plantaba a los tiros y nos la agitaba. Nos quería secuestrar a todos. En el piso esquivando balas como una lombriz nos retorcíamos. yo en tanga y el loco me miraba maníaco la cola y tenía tanto miedo de que me la volara de un tiro. igual ningún abuelito moría y nosotros menos. Lo insólito, lo siguiente: nos llevaban en cana a todos.

En la comisaría los polis eran maluquísimos y sólo estábamos Mile y yo que flashábamos fugarnos (porque era muy posible y fácil) sin embargo siempre aparecía un rati con carpa a lo lejos fichador corte perro malo. así nos acostumbrábamos al encierro. Un día todo mejoraba: hacíamos un sanguche increíble, todo idea mía, con aceitunitas y morrón asado y un pan divino que se completaba con queso cheddar en pomo. Mile por primera vez en la vida, desde que vivíamos en esa precaria casucha que hacía de celda en la villa, estaba contenta. Sonreía. Sentíamos que ya estábamos bastante listas para tomarnos el palo.

Arrancábamos por una salida y recorríamos los pasillos de la villa como quien sabe lo que hace, como soldados del Bien.

Llegábamos a la salida donde una catarata gigante de agua mineral nos transportaba casi sin dramas y un salto al vacío de 50 mil metros nos dejaba cayendo por siempre en lo que parecía un tambor de lavarropas vertical. Estábamos re contentas. Eso era el cosmos.